Mis abuelos viven en Mar del Tuyú y desde que soy chica paso los veranos acá con mi hermana. Todos los dos de febrero tenemos acá la fiesta de Yemanyá, la diosa del mar. La señora que construyó una súper Yemanyá en la puerta de su casa que está en la playa (literalmente) y donde se celebra el 2 de febrero es amiga de mi abuela así que algunos años fuimos a acompañarla a ella y a otro montón de gente que se reune hasta el anochecer a cantar y a darle ofrendas a la diosa en cuestión. Todo muy pintoresco y entretenido hasta que una vez nos dijeron como al pasar a mi hermana y a mi que participemos con la esperanza- estoy convencida de esto- de que en un futuro le diéramos bisnietos a mis abuelos o que por lo menos encontráramos algún novio decente.
La cosa era así: en determinado momento había que entrar al mar con una barquito como ofrenda donde se colocaban frutas, flores y tu deseo, "quiero encontrar a alguien que me ame y lo ame" en este caso mientras algunas personas te tiraban perfume. Todo muy surreal. Mi hermana y yo hicimos un piedra, papel o tijera y perdí, me fui al mar. Mientras me tragaba distintos perfumes y el mar embravecido me chupaba para adentro (la peor sudestada en diez años había pasado el día anterior). Una ola GIGANTE me tiró al diablo y yo intentando que el barquito no se me escapara de las manos. Harta, lo revoleé y salí insultando a todo el mundo, incluyendo a Yemanyá y a la mar en coche. Dos locos se me arrojaron y no me dejaron salir del mar gritándome que debía salir sin darme vuelta, que "¡A Yemanyá no se le da la espalda!" y me obligaron a salir de frente al mar, mientras las olas me atacaban. Y para peor, cuando llegué a la orilla, veo a mi abuela y a mi hermana matándose de risa y a algunas personas mostrándome que mi barquito había sido devuelto, que mi deseo no se cumpliría por un año, que Yemanyá no había aceptado mi ofrenda y que debía volver al año siguiente. Por supuesto, nunca más volví. Y así me fue. Se me enojó la Yemanyá por los detallitos de las puteadas y la espalda (nunca voy a culparme a mi, siempre a otros)
Años más tardes, después de muchas relaciones sin final feliz, pasé por la estatua gigante de nuevo y decidí hacer las paces con ella. Le dejé tres caracoles al pie y me fui.
Hoy estoy felizmente casada y en Mar del Tuyú de visita.
¿Será mucho una caravela de ofrenda?
SOLÁ, Juan: Mierda
Hace 3 días

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